Espiral Celta

Espiral símbolo celta
planta naciendo espiral
La espiral se presenta hasta en los brotes de las plantas.

La espiral celta es un símbolo que con frecuencia aparece en la naturaleza de forma natural, observándose en los caparazones de caracoles, en la forma en que se distribuyen las hojas de una rosa, en las imágenes tomadas desde satélites de los huracanes, en el hipnótico movimiento de bancos enteros de algunos peces o, incluso, en la forma de nuestra galaxia, que gira inexorablemente fruto de la gravedad.

Espiral en caparazón de caracol
Espiral en el caparazón de un llamativo caracol.

Es debido a este componente natural y caprichoso de la naturaleza que se la asocia con la energía, representando un símbolo energético. Asimismo, también suele estar ligada a la inocencia, la eternidad y el renacimiento. Quizás su apariencia más prolífica sea en la cultura celta, donde se dibujaban y grababan espirales en una amplia variedad de artefactos y decorados, pasando a formar parte de sus motivos artísticos principales.

Elige si buscar la luz o acostumbrarte a la oscuridad. Elijas lo que elijas, siempre será tu guía.

Significado simbólico de la espiral

La espiral celta es uno de los símbolos más antiguos que existen en la cultura celta, para quienes representa el concepto de crecimiento, fuerza vital, expansión y reencarnación. Por ello, era usada habitualmente como representación del tiempo y del movimiento de los astros, tanto con fines mágicos como prácticos, pues les sirvió para realizar sus calendarios (que, a pesar de ser muy primitivos, eran extraordinariamente exactos para la época). Algunas de las espirales más famosas y antiguas se encuentran en Newgrange (Irlanda), un gran montículo construido con piedra y tierra que se utilizó como cripta funeraria. 

significado de la espiral celta
La espiral es considerada por los celtas como el símbolo del sol.

Los expertos consideran que es el símbolo celta más antiguo y que representaba la energía solar y, en concreto, al sol, relacionado con la iluminación del alma y la vida. Por ello, dentro del mundo espiritual, el símbolo de la espiral puede ser interpretado como un camino que conduce desde la conciencia externa (marcada por el materialismo, el ego y la percepción), hasta la iluminación de tu “Yo” interior, de la esencia invisible, el nirvana o conciencia cósmica. Los oscilantes movimientos entre el intuitivo mundo interno, intangible, y el mundo externo, la manifestación de la materia, se perciben mediante la espiral.

Simbología de la espiral celta

La espiral celta simboliza un movimiento circular que, desde un punto origen, se extiende hasta el infinito. Dicho movimiento tiene la particularidad de iniciar una progresión cíclica por un principio de rotación por el que se renueva constantemente. Por ello, se encuentra estrechamente ligada al eterno ciclo de nacimiento y muerte, constituyendo un símbolo de la vida. Se trata de un movimiento bidireccional cuyo centro correspondería con un fractal, un símbolo infinito que hace una alegoría a la dualidad de la vida, el equilibrio entre el bien y el mal: toda acción va a hacernos crecer en una dirección, permitiéndonos crecer en la espiral de la vida y desarrollarnos si actuamos bien, o sumiéndonos en un ciclo de involución cuando actuamos de forma egoísta y ruin. La particularidad de que sea un símbolo sin origen ni final es una constante de esta cultura, pues esto también se aprecia en otros lazos celtas como el nudo perenne o la triqueta.

Además, con respecto a la idea de renacimiento o crecimiento, representa a la conciencia de la naturaleza que, desde un núcleo o centro, se expande lentamente, pero sin pausa, hacia el exterior. Este continuo crecimiento y desarrollo es el camino de todas las cosas. Dentro de esta idea, para los celtas representó el progreso y el desarrollo continuo del ser humano, que va formándose física y espiritualmente con el paso del tiempo, pasando inevitablemente por todos los ciclos de la vida.

Las espirales simples y dobles (también llamadas sistrel) eran los signos más sagrados de la Europa neolítica y, de hecho, se han encontrado esparcidas por todo el continente grabadas en monumentos y templos megalíticos, así como en piedras umbrales irlandesas, ubicadas en las entradas a tumbas y necrópolis. Es razonable creer que las espirales talladas en monumentos precélticos representaban la interminable sucesión de los ciclos de las estaciones, del día y la noche y de la vida y la muerte, así como los movimientos astronómicos del sol, la luna y las estrellas.

espiral galaxia
Movimiento en espiral de la bóveda celeste.

Se trata así de un símbolo celta cósmico de la constante del desarrollo de todas las cosas, un símbolo de la vida eterna que nos recuerda el flujo y movimiento del cosmos. No es casualidad que los celtas representasen las estrellas como espirales alrededor de un mismo núcleo, la Estrella del Norte (que para ellos era la localización del cielo). De esta forma, las estrellas del cielo parecían rodar entorno a ella, formando una trayectoria en espiral por la que las almas ascendían hacia su futura vida. Por ello podría establecerse una conexión entre la espiral y los poderes sobrenaturales, el crecimiento y la decadencia perpetuos, la evolución y la involución de cualquier sistema. También era común utilizar la espiral girando en sentido a la derecha para invocar el elemento “agua” o señalar fuentes potables, así como símbolo de buena fortuna, representando el equilibrio y la armonía del sol con la tierra.

Espiral doble o sistrel

doble espiral celta
La espiral doble o sistrel hace referencia a la dualidad de la vida.

La espiral celta doble o sistrel, formada por dos espirales que giran en el mismo sentido, es la representación más explícita de la dualidad de las cosas y el crecimiento en relación con el movimiento del cosmos. Habitualmente era utilizada para simbolizar los equinoccios, es decir, las dos fechas del año en que día y noche tienen la misma duración. En las culturas orientales su equivalente sería el símbolo del Yin y el Yang. Existe también otra espiral doble, las espirales inversas, que son dos espirales girando en sentidos opuestos. La que gira a la izquierda representaría al sol creciente de verano, mientras que la que gira a la derecha, al sol menguante de invierno.

Espiral de la Vida

Por último, existe una tercera variante de esta espiral celta, conocida como la Espiral de la Vida. Esta es dibujada como tres espirales que proceden de un mismo punto de origen. Algunos investigadores creen que está relacionada con el concepto celta de la Triple Diosa, una deidad capaz de manifestarse de tres formas diferentes (no hay que confundirlo con el Triskel, por muy parecidos que puedan parecer). Esta triple diosa correspondía en muchos relatos con la diosa Anu, nutridora y madre de todos los demás dioses. Por ello, era frecuentemente utilizada como símbolo del embarazo y amuleto de la fertilidad, y es gracias a esa propiedad que se la ha denominado “Espiral de la Vida”, ya que para para los celtas el movimiento del sol es simbolizado con una espiral cada tres meses, así que una triple espiral haría referencia a los 9 meses que dura un embarazo y, por tanto, el tiempo que tarda en dar el don de la vida.

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Árbol de la vida (Crann Bethadh)

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En la cultura celta la naturaleza y lo sagrado se entrelazan misteriosamente para formar un único componente, dos formas complementarias para referirse a una misma idea. Por ello, entendieron a los árboles como un elemento sagrado del mundo, dotándolos de un significado que sobrepasa las barreras de lo meramente funcional, a uno mucho más profundo y espiritual.

¿Qué significa el Árbol de la Vida celta?

Arbol de la vida significado
El árbol de la vida constituía el eje del mundo celta o “Axis-mundi”

Para los celtas, el árbol de la vida era la representación de la interconexión existente entre el mundo y todo lo que en él habita: cada ser humano, cada planta, cada animal, cada brizna de aire y cada gota de lluvia están conectados por los hilos invisibles del Crann Bethadh. Veían en él algo sagrado y superior a ellos, cercano a los dioses, y ha sido venerado por esta cultura tanto por servirles como sustento y protección en su vida diaria como por el aspecto simbólico que se creó en torno a él, la vida en completa evolución y en una ascensión permanente hasta el cielo y, al mismo tiempo, en conexión con las profundidades subterráneas.

Su significado e importancia resultaba de un valor incalculable, pues era la viva representación del eje central del mundo, a través del cual existía una comunicación con los tres niveles del cosmos:

  • El subterráneo o inframundo mediante sus raíces, que no dejaban de hurgar en las más inhóspitas profundidades de la tierra, hacia el mundo de los muertos.
  • La superficie de la tierra, que simboliza el plano terrenal y está representado por el tronco, cohabitando con nosotros en nuestro mundo, aquel que habitamos.
  • El cielo, el plano divino y espiritual, que se encuentra representado por sus ramas y hojas, que parecen ser al mismo tiempo sustento y camino hacia el firmamento y la divinidad.
Árbol de la vida símbolo
El Crann Bethadh simboliza la conexión que existe entre los opuestos de la vida

También puede hablarse de una conjunción de los elementos principales que componen la materia según la cultura celta. El agua se expresa por las lluvias del mismo modo que el aire por el viento, mientras que el fuego presta su calor para que se genere la simiente en la matriz de la tierra. De la misma manera sucede con respecto a los estados de la materia a partir del calor del fuego: sólido, líquido y gaseoso. Esta constante rotación y conjunción de opuestos se encuentra en todo momento en la concepción arcaica de la cultura celta y, puesto que el Crann Bethadh es la representación de ello, logra convertirse en una planta mágica, un árbol que lo da todo sin esperar nada; un regalo de los dioses a los humanos, que extraen su existencia de este sustento divino; aquel que les ha proporcionado desde sus orígenes su primer hogar, su leña para entrar en calor y la protección de la sombra.

La naturaleza […] como imagen de Dios, una irrupción perenne de lo infinito en lo finito y en la obra de la creación una constante teofanía. El hombre arcaico no se siente solo ni aislado en la naturaleza ni pretende ser su propietario. Los animales, las plantas y hasta las piedras, así como los ríos, lagos y lluvias constituyen parte de su ser. Igualmente lo es el firmamento con sus variadas formas y las épocas y ciclos naturales de vida, muerte y resurrección ejemplificados por las estaciones del tiempo y los movimientos de los astros, a saber: la vida misma como un ritual perenne y una interrelación o entrecruzamiento de energías constantes, horizontales y verticales, espaciales y temporales. Razón por la que el mundo entero es un código que puede entenderse y leerse tanto en las configuraciones del cielo como en los símbolos que son las plantas y los animales. Sin duda, el símbolo vegetal más claro es el del árbol, o la planta en general, como representación de las energías cósmicas. Copa, tronco y raíces constituyen sus niveles aéreo, terrestre y subterráneo, equiparables a cielo, tierra e inframundo.

González, 1989

Sin embargo, para los celtas no solo encarnaba la esencia de la vida en la tierra, sino que era un medio por el cual se podía predecir el futuro, ciencia en la que eran expertos los druidas. Estos poseían los conocimientos para la observación de los árboles desde las raíces, hundidas en la tierra en busca de sustento, hasta la copa más o menos frondosa (pues consideraban que la naturaleza poseía una inteligencia infinita que le permitía anticiparse a lo que va a suceder), dejando caer las hojas antes del tiempo en que llegarán las nieves, que a su vez propiciarán el nacimiento de mejores brotes, iniciando una vez más el eterno ciclo vida y muerte. Además, entre los druidas existía la creencia que tanto el hombre como la mujer llevaban un árbol en su interior que les permitía desarrollar los conocimientos.

¿Qué simbolizaba para los celtas?

Ygdrassil árbol de la vida nórdico
Los árboles eran los testigos sagrados de la humanidad para los celtas.

Cuando los celtas iban a establecer una aldea, lo hacían entorno a un gran árbol, bajo la sombra del cual celebrarían sus ceremonias: pactos, bodas, celebraciones e incluso la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones. Eran testigos sagrados de todo acto realizado por la humanidad. La importancia de los árboles en la vida cotidiana de los celtas era decisiva, pues con la madera que les aportaban construían sus casas, manteniéndose seguros y protegidos de los animales salvajes y de la intemperie. La leña les permitía hacer fogatas que brindaban luz y calor en las despiadadas y frías noches de invierno. Los frutos que de ellos extraían eran la principal fuente de alimento durante todas las épocas del año, y cuando salían a cazar y pescar para llevar alimentos al hogar, su madera les servía como materia prima con la que construir sus herramientas.

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El Árbol de la Vida en las diferentes culturas

Aunque el significado y valor del Árbol de la vida para los celtas era primordial y uno de los ejes en los que se basa toda su cultura, el origen de este símbolo se remonta muchos siglos atrás, incluso antes de que los celtas existiesen, uno que trascendió culturas y pasó a formar parte del imaginario cultural de estas.

Árbol de la vida egipcio

Los egipcios vivían en un clima desértico en el que no abundaban los árboles, y puede que por ello comenzasen a venerarlos. Sin embargo, estos veneraban a un árbol específico, el Sicomoro o Nehet, como era llamado en la tierra de los primeros faraones. Para ellos también representaba un vínculo entre el mundo terrenal y el espiritual. Según sus creencias, en la entrada del cielo hay dos sicomoros que dan cobijo y frutos a los muertos y en su interior se encuentra uno enorme en el que reposaban los dioses. Asimismo, se asociaron deidades femeninas a este árbol, como la diosa Hathor, considerada la “Señora del sicomoro del Sur”. Cuando un difunto invocaba a la diosa del sicomoro, esta le proporcionaba agua, alimento y cobijo y lo acogía en su seno como hijo y, por eso, en las paredes de las tumbas se representaba una escena en la que un frondoso sicomoro aparece humanizado, con los brazos llenos de obsequios, dejando caer a un recipiente el agua de la vida y mostrando virtudes maternales como grandes pechos con los que amamanta al recién nacido en su nueva vida.

Árbol de la vida armenio

Por su parte, los armenios lo simbolizaban utilizando como eje de simetría su tronco y, a los lados, disponían sus largas y frondosas ramas, y siempre aparecía custodiado por guerreros o animales. En este caso, más que un significado religioso lo que tenía era uno global: simbolizaba al pueblo armenio en sí mismo. Se veían a sí mismos como un monumental árbol milenario, enérgico, inclaudicable, valeroso e inmortal; un árbol de buena madera que puede adaptarse hasta a las peores circunstancias y florecer en los terrenos más adversos. Era tal su sentimiento de identidad con el motivo del Árbol de la Vida que incluso aparecía en los khachkars (cruces de piedra características del arte armenio) en forma de cruces que brotan, estallan, florecen y dan fruto en las lápidas anticipando la resurrección de aquellos que han fallecido o en los humildes utensilios de cocina del hogar armenio. Para ellos, el árbol no era un mero vínculo: era algo que debían proteger y sacar adelante a toda costa. Era su familia, su gente, su pueblo.

Árbol de la vida baha’i

Los baharíes se sumaron a las culturas que lo consideraron como un símbolo divino. En la Fe baha’i el árbol de la vida está compuesto por hombres en lugar de ramas, y mujeres en lugar de hojas. Para ellos, este árbol representa un reino espiritual donde no existe la dualidad entre el bien y el mal que caracteriza el plano terrenal. De esta forma, la Fe baha’i enseña tolerancia, paz, igualdad entre hombre y mujer, superar prejuicios y buscar la verdad; y por ello jamás empuñarán la espada, solo amor y comunicación, pues Bahá’u’lláh, su fundador, predicó y divulgó el siguiente mensaje por la humanidad: “no os miréis como extraños, todos sois hojas de un mismo árbol”.

Árbol de la vida chino

En la cultura china el árbol de la vida es representado como un melocotonero que se encontraba siempre respaldado por un fénix, simbolizando a eterna reencarnación; y un dragón, que a menudo representa la inmortalidad. Una historia taoísta habla de un árbol que era capaz de producir un solo melocotón cada tres mil años, pero aquel que comiera el fruto recibiría el don de la inmortalidad. En la década de 1990 se descubrió un pozo de sacrificio de Sichuan, China, datado en torno al 1200 a.C. que contenía tres árboles de bronce, uno de ellos de cuatro metros de altura en cuya base había un dragón y las frutas colgaban de las ramas más bajas, mientras que en la parte superior se encontraba un extraño pájaro con garras, el Fénix.

Árbol de la vida nórdico

En la religión escandinava se hace referencia a un árbol de la vida en concreto, un fresno perenne denominado Yggdrasil, el árbol del mundo, cuyas raíces y ramas mantienen unidos los nueve mundos de su mitología: Asgard (reino de los dioses), Midgard (reino de los humanos), Helheim (reino de los muertos), Nilfheim (reino de las nieblas y el terror), Muspellheim (reino primordial del fuego), Svartalfheim (reino de los elfos oscuros), Alfheim (reino de los elfos de luz), Vanaheim (reino de los vanir, dioses de la naturaleza y la fertilidad) y Jötunheim (reino de los gigantes). El árbol se divide en tres partes (Nilfheim representa la raíz, Midgard el tronco y Asgard la copa) que de nuevo representan el ciclo del nacimiento, vida y muerte.

Árbol de la vida budista

Para el budismo, el árbol de la vida hace referencia a uno en concreto: el Bodhi, también conocido como higuera sagrada o pipal. Según la tradición budista, Siddhartha Gautama alcanzó el nirvana después de haber estado meditando bajo un árbol de esta especie en Bodh Gaia, y aunque el original fue destruido por la esposa del rey Ashoka, se supone que el árbol que se encuentra actualmente en dicho lugar es descendiente directo del anterior. Durante su meditación se dio cuenta de que el árbol representa nuestras vidas. Las raíces representan nuestra base, nuestros valores, y consideró que nuestro árbol lo constituyen seis raíces, tres de las cuales son buenas y las otras tres malas. Por ello, si actuamos conforme al bien, haremos crecer las buenas raíces y obtendremos frutos dulces; mientras que, si actuamos mal, crecerán las malas y darán frutos amargos. Las raíces dan lugar al tronco, que según el budismo está formado por cinco elementos: la forma, la sensación, la percepción, la formación mental y la consciencia, de manera que la clave es no aferrarse a lo que los sentidos te ofrecen en vida para poder vivir plenamente y poder desarrollarte como persona. Según esta creencia, de ahí surgen doce ramas, que representan las razones del sufrimiento en la vida terrenal y que provienen de la forma en que hayamos procesado nuestras emociones previamente. Es decir, es una alegoría de la vida en la que cada una de nuestras acciones cuenta y determina nuestra felicidad y plenitud espiritual.

Poderes atribuidos al Crann Bethadh

Árbol de la vida dibujo
Los poderes del árbol de la vida son de protección, sabiduría, salud y equilibrio.

Los poderes generalmente atribuidos al símbolo del árbol de la vida celta son curativos, de antienvejecimiento y de la sabiduría, pero en realidad posee tantos significados positivos que puede ser utilizado para muchos otros aspectos de la vida. Este símbolo trasciende religiones y fronteras, no es necesario aferrarse a determinadas creencias para poder ver y su fuerte carga simbólica y sentirse atraído por ella. Engloba las fuerzas de la naturaleza, el constante equilibrio entre el bien y el mal, el sentimiento de protección de los tuyos y, todavía más importante, habla de la unidad, de que todos estamos conectados en un infinito entramado de fuerzas, acciones y reacciones, de un mundo en el que todos y cada uno de nosotros forma parte y ayudamos a conformar en nuestro día a día.