Cruz solar

Cruz de oro

Origen de la Cruz solar

La cruz solar es uno de los signos más ampliamente conocidos por la cultura celta y es considerado por antropólogos, historiadores y arqueólogos como uno de los símbolos más antiguos de las civilizaciones y mitologías de todo el mundo, así como uno de los más comunes, pues aparece en toda clase de artefactos de la Europa prehistórica independientemente de que estuviesen o no relacionadas las religiones de la época, en particular desde el periodo Neolítico (6000 a.C. – 3000 a.C.) hasta la Edad de Bronce de Europa (3000 a.C. – 1200 a.C.).

Se han hallado grabadas en piedra en diferentes yacimientos de la Edad de Piedra, como en los menhires de Callanish, localizados en la isla de Lewis, en las Hébridas, el emplazamiento megalítico más famoso de Escocia. En las religiones primitivas de la Edad del Bronce se encontraban frecuentemente en los artefactos utilizados para el culto a sus divinidades, como en la religión escandinava, quienes denominaban dicho símbolo como la Cruz de Odín. La combinación de la cruz con el círculo es la más simple representación la idea de la unión de las polaridades opuestas del mundo occidental y se solía asociar con el sol (de ahí su nombre) y el árbol de la vida. La asociación de árboles con cruces parece que proviene de antiguas prácticas chamánicas, ya que tallaban cruces en los tocones de árboles talados creyendo que así lograrían que el espíritu del árbol sea capaz de vivir en el tocón. Esta práctica es originaria de los conceptos Indo Arios de la deidad emergiendo de los árboles. Además, en las Highlands escocesas se realizaban también con madera de serbal para luego atarlas a las colas de ganado vacuno con un hilo rojo para protegerlas, ya que el serbal era utilizado como protección. Es un signo tan antiguo que se cree que de él derivan otros símbolos celtas como la cruz celta.

Significado de la Cruz solar

cruz solar significado
La cruz solar también es conocida como la Rueda de la Vida o la Ley del Cambio.

La cruz inscrita en un círculo tiene un significado común en todas las religiones: es La Rueda de la Vida, la Ley del Cambio, el progreso, la evolución de la consciencia y la materia. Probablemente sea el símbolo religioso más antiguo del mundo, pues aparece tanto en religiones asiáticas, americanas, indias y europeas, entre las que se encontraban las paganas. Antes de la extensión del cristianismo existieron en Europa muchas culturas independientes y prósperas, pero tras la llegada del Imperio Romano y todos los que le siguieron, estas fueron exterminadas poco a poco, hasta casi erradicarlas por completo. La mayor parte de estas religiones eran paganas y, por tanto, se encontraban profundamente ligadas a los ciclos del sol, la luna y la naturaleza, pues todas ellas tenían la convicción de que por encima del hombre se encontraban las leyes de la naturaleza, que rigen el mundo. Por ello, las asociaron a diferentes deidades y seres elementales superiores que, a través de la enseñanza de fábulas y cuentos sagrados, permitirían a las futuras generaciones aprender a ver el mundo como es en realidad, y la Cruz Solar era uno de los símbolos más emblemáticos para ello.

En la Wicca, la Cruz Solar representa al sol, y cada una de sus cuatro partes corresponde a una de las estaciones del año, los dos equinoccios y los dos solsticios, formando la Rueda del Año. En este caso, la cruz solar se representa con cinco círculos, uno en el centro y otros cuatro donde se unen las líneas con el círculo exterior.

En casi todas las culturas hace referencia al sol (centro) y al ciclo de las cuatro estaciones (cada uno de sus cuadrantes), pero si estas cuatro, a su vez, se dividen en otros cuatro, dividiéndola en ocho partes iguales, representaría las fechas intermedias entre estas, de gran valor en las tradiciones celtas. De esta última cruz se derivaría la cruz pateada o paté, que fue ampliamente usada por los templarios, ayudando a su difusión en todo el cristianismo. En astronomía, se usa el mismo símbolo para designar la Tierra viajando alrededor del sol. Otro de los grandes poderes de la cruz es el de crear, pues no puede haber creación sin la intervención de esta, algo que se repite una y otra vez en la naturaleza: se cruzan las especies de animales, los átomos, las moléculas… Todo ello con un único propósito, perpetuar la vida. El fruto de este cruzamiento, el Ser, correspondería con el punto central de la cruz.

Cruz solar tatuaje
Uno de los mayores poderes de la Cruz solar es el de crear

Esta cruz está directamente relacionada con el número cuatro debido a las cuatro divisiones que crea dentro del círculo, que las dota de unidad. Casi todas las culturas antiguas y modernas la han utilizado para hablar del simbolismo de este número y de la materia en sus cuatro estados elementales (aire, fuego, agua y tierra), así como las cuatro direcciones cardinales, los cuatro vientos, la Tierra, etcétera. También es utilizada para hablar de la confrontación de los opuestos que existen en el mundo, representados mediante los dos sentidos que componen la cruz, de forma que hace referencia a las oposiciones tierra-cielo, vida-muerte, positivo (vertical)-negativo (horizontal). También es asociado con los grandes valores de la existencia, que son dos:

  • El eje horizontal, símbolo femenino, que representa la materia, el tiempo y la limitación.
  • El eje vertical, símbolo masculino, que representa el espíritu, el vacío y la libertad.

Al cruzar ambos ejes y sus respectivos valores, surge su función de síntesis. Esta función de síntesis y de medición representa los ejes principales del cosmos, el tiempo y el espacio. También es un símbolo de la unión permanente del universo, pues comunica el cielo con la tierra, siendo el máximo exponente de la expresión “arriba es como abajo”. Incluso hoy en día sigue usando en prácticas simbólicas por los amerindios y otros pueblos indígenas. Según otras fuentes, la Cruz Solar representa las cuatro etapas de la vida, desde su inicio hasta su final, por lo que tendrá una gran relación con su portador.

“Un símbolo universal de los más remotos tiempos; es el símbolo cósmico por excelencia. Este es un centro del mundo y, por lo tanto, un punto de comunicación entre el cielo y la tierra y un eje cósmico, por consiguiente, comparte el simbolismo del árbol cósmico, montaña, pilar, escalera, etc”

Relación de la Cruz solar con otras culturas

Una simbología mucho más amplia e interesante sería la representación de los cuatro ríos del paraíso los cuales contienen tanto el Primer paraíso descrito en el Corán como el Jardín del Edén de la Biblia. El río que salía del Edén, regando todo el Jardín del Paraíso, terminaba ramificándose en otros cuatro, de los que, según la tradición, nacieron aquellos que fluyen por la Tierra.

Plantó Dios un jardín en Edén, al Oriente, y allí puso al hombre a quien formara. Hizo brotar en él de la tierra toda clase de árboles hermosos a la vista y sabrosos al paladar, y en el medio del jardín el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal. Salía del Edén un río que regaba el jardín y de allí se partía en cuatro brazos. El primero se llamaba Pisón… el segundo se llamaba Guijón… el tercero Tigris… el cuarto Éufrates.

Génesis (2, 8 a 14)

                                             

cuatro ríos del paraíso
En muchas culturas la Cruz solar tienen un equivalente con los Cuatro ríos del Paraíso.

Teorías similares a la anterior aparecen en otros antiguos textos religiosos y culturales, como la Narración del Comienzo de los Tiempos de los Indios Navajos, el Relato del Paraíso Chino de Kwen-lun, el Lago de la Vida de los Kamulks Siberianos, el Rigveda hindú, el Visnú-Purana e incluso mitos iraníes concernientes a la fuente central del Ardi Sura. A pesar de que todos ellos son distintos mitos que provienen de diferentes creencias y relatos antiguos, todos ellos tienen en común que hablan de cuatro corrientes, caminos o direcciones que parten de un mismo punto inicial, bien sea el Paraíso del Edén, el Ombligo del Mar o el Paraíso de Brama en la Cumbre Mundial. De esta forma nos encontramos ante una interpretación de valor cósmico en cuyo centro se sitúa al Sol o a un Dios Omnipresente, mientras que los cuatro brazos que parten de él se convierten en direcciones místicas que fluyen para dar dinamismo y energía a todos los demás elementos del sistema.

El cuadrado es la expresión geométrica de la “cuaternidad” (combinación y ordenación regular de cuatro elementos), designando lo antidinámico, la perpetuidad y estabilidad de la perfección, y su superposición con el círculo muestra las relaciones existentes entre el cielo y la tierra, pues el cuadrado simboliza a la Tierra y todo lo creado en esta, en contraposición al círculo, que representa el Cielo y a la energía creadora. De esta forma, además de los cuatro elementos, las cuatro estaciones, las cuatro etapas de la vida, las cuatro etapas de la consciencia o de los cuatro puntos cardinales (todos ellos suministrando orden y firmeza al mundo), nos encontramos con que existe un elemento de conexión entre ellos, que los hace fluir y rotar en un ciclo eterno. El trisquel, tetrasquel, pentasquel, hexasquel o radiales son ruedas solares que, con sus particulares derivaciones, representan el sol en movimiento y, por eso, cuando aparece en monumentos funerarios su función es la de iluminar el camino del muerto en su largo viaje.

¿Qué simboliza la Cruz solar?

Como muchos otros símbolos celtas, está ligada directamente con la naturaleza y la vida, y de ahí viene que sea también conocida como la Rueda de la Vida o la Ley del cambio simboliza el progreso, la evolución de la consciencia en o desde la forma y la materia. Pueblos indígenas americanos y amerindios la usan en sus prácticas sagradas como la Rueda de Medicina, cuyo centro para ellos representa al Sol. Durante la Edad de Bronce tenía conexiones con la rueda de ejes de carro, que por entonces era de cuatro. Dicha innovación tecnológica surgió en Europa a mediados del segundo milenio a.C. Antiguas cruces orientales, esvásticas o geminadas (o “gammadas”) derivan de la rueda solar, remitiendo a la noción de las fuerzas cósmicas que giran y fluyen de forma infinita. Por ello, el hecho de que la esvástica sea popularmente conocida en la actualidad como el más representativo emblema nazi, no quiere decir que este símbolo tenga nada que ver, sino más bien todo lo contrario, pues se trata de una apropiación cultural para los fines propios de una ideología.

Símbolo rueda del dios taranis
La Cruz de Taranis, el dios del trueno celta, es una variación de la Cruz solar

Una de las variaciones de la Cruz Solar es la Cruz de Taranis, formada a partir de esta, pero añadiéndole dos diagonales en sentido opuesto, formando un círculo dividido en ocho partes iguales, correspondientes a la unión de los solsticios con los equinoccios cuyo centro sería el sol. Esta cruz está asociada al dios del trueno y del cambio galés, Taranis, quien también se vinculaba a los espacios celestes.

Del hecho de que la Cruz Solar simbolizase en todas las culturas el cuaternario, se derivó a que en muchas de ellas simbolizase los cuatro caminos de las esquinas de la tierra, donde la unión de los cuatro puntos formaba una cruz y cuya unión significaba el centro del mundo, el origen de la vida o el nacimiento de los cuatro ríos místicos.

Además, también hace referencia en muchas de ellas a un enlace entre el mundo superior y el inferior, haciendo alusión a la idea del “axis-mundi”, el eje del mundo, considerándola como un elemento ascensional. La ubicuidad de este símbolo entre culturas se da de diferentes formas, pues puede aparecer tanto en femenino como en masculino; puede tomar la forma de algo natural (una montaña, un árbol, una columna de fuego) o de algo hecho por el ser humano (una torre, una escalera, una cruz, un campanario). Independientemente de la forma que se le asocie, nos encontramos siempre ante la misma idea, la de un punto de conexión entre el cielo y la tierra en el que convergen todos los rumbos posibles de una brújula. El símbolo pasa desde culturas como las chamánicas o animistas hasta por las principales religiones del mundo y civilizaciones avanzadas tecnológicamente. Por ejemplo, el Yggdrasil de la mitología nórdica era el símbolo del Axis Mundi que atravesaba y comunicaba los tres mundos de la realidad sagrada: Nilfheim, Midgard y Asgard.

Conexión cielo y tierra
La Cruz Solar, entendida como Axis-Mundi, hace referencia a la existencia de un punto de unión entre la Tierra y el Cielo.

“Todo microcosmos, toda región inhabitada, tiene un centro; esto es, un lugar que es sagrado por encima de todo.”

Para comprender su significado basta con representarla inscrita en un círculo: sus cuatro ángulos miden 90º, por lo que la suma de ellos alcanza los 360º del círculo que los contiene. Esta es la razón matemática uno de los grandes enigmas irresolubles de la historia: la cuadratura del círculo. En la simbólica China, se relaciona directamente con los cuatro lados del cuadrado o brazos de la cruz con el centro de la misma, su punto de intersección, que constituye el misterio por resolver, la magia por hallar. Es una marca, un encuentro que sirve de base para todos los símbolos de orientación en los diferentes niveles de existencia del hombre, el cordón umbilical jamás cortado que nos liga al cosmos creador, el recuerdo perenne de nuestro origen y de nuestra esencia espiritual, nuestra inherente relación con Dios.

“En su centro se halla el Árbol de la Vida y junto a él una fuente de donde manan los cuatro ríos del Paraíso: Tigris, Éufrates, Pisón y Guijón. La entrada al Paraíso se halla protegida por un querubín que blande una espada de fuego (…)

Génesis II:10

Se trata de la definición más rotunda y simple de la encarnación del espíritu en la forma, que da lugar a la consciencia, a la identificación del ser, capaz de conocer y de sentir, el punto de comunicación entre el Cielo y la Tierra, el eje de la vida. Cielo y Tierra entendidos como el andrógino primordial, una alegoría a la dualidad de la naturaleza, a la conexión entre los opuestos hasta convertirse en complementarios.

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Usos en la alquimia esotérica

En la alquimia esotérica el uso de la Cruz Solar Celta es muy habitual por su potente carga simbólica, que hace especial referencia al círculo, ya que se encarga de la protección dentro de sus cuatro contornos. Sus cuatro brazos representan los cuatro elementos naturales, a los que se les asocia una característica determinada, de manera que:

  • El Norte se relaciona con la tierra y se caracteriza con el frío y la sequedad.
  • El Sur se relaciona con el fuego y se caracteriza con el calor y la sequedad.
  • El Este se relaciona con el aire y se caracteriza con el calor y la humedad.
  • El Oeste se relaciona con el agua y se caracteriza con el frío y la humedad.

Árbol de la vida (Crann Bethadh)

arbol de la vida significado

En la cultura celta la naturaleza y lo sagrado se entrelazan misteriosamente para formar un único componente, dos formas complementarias para referirse a una misma idea. Por ello, entendieron a los árboles como un elemento sagrado del mundo, dotándolos de un significado que sobrepasa las barreras de lo meramente funcional, a uno mucho más profundo y espiritual.

¿Qué significa el Árbol de la Vida celta?

Arbol de la vida significado
El árbol de la vida constituía el eje del mundo celta o “Axis-mundi”

Para los celtas, el árbol de la vida era la representación de la interconexión existente entre el mundo y todo lo que en él habita: cada ser humano, cada planta, cada animal, cada brizna de aire y cada gota de lluvia están conectados por los hilos invisibles del Crann Bethadh. Veían en él algo sagrado y superior a ellos, cercano a los dioses, y ha sido venerado por esta cultura tanto por servirles como sustento y protección en su vida diaria como por el aspecto simbólico que se creó en torno a él, la vida en completa evolución y en una ascensión permanente hasta el cielo y, al mismo tiempo, en conexión con las profundidades subterráneas.

Su significado e importancia resultaba de un valor incalculable, pues era la viva representación del eje central del mundo, a través del cual existía una comunicación con los tres niveles del cosmos:

  • El subterráneo o inframundo mediante sus raíces, que no dejaban de hurgar en las más inhóspitas profundidades de la tierra, hacia el mundo de los muertos.
  • La superficie de la tierra, que simboliza el plano terrenal y está representado por el tronco, cohabitando con nosotros en nuestro mundo, aquel que habitamos.
  • El cielo, el plano divino y espiritual, que se encuentra representado por sus ramas y hojas, que parecen ser al mismo tiempo sustento y camino hacia el firmamento y la divinidad.
Árbol de la vida símbolo
El Crann Bethadh simboliza la conexión que existe entre los opuestos de la vida

También puede hablarse de una conjunción de los elementos principales que componen la materia según la cultura celta. El agua se expresa por las lluvias del mismo modo que el aire por el viento, mientras que el fuego presta su calor para que se genere la simiente en la matriz de la tierra. De la misma manera sucede con respecto a los estados de la materia a partir del calor del fuego: sólido, líquido y gaseoso. Esta constante rotación y conjunción de opuestos se encuentra en todo momento en la concepción arcaica de la cultura celta y, puesto que el Crann Bethadh es la representación de ello, logra convertirse en una planta mágica, un árbol que lo da todo sin esperar nada; un regalo de los dioses a los humanos, que extraen su existencia de este sustento divino; aquel que les ha proporcionado desde sus orígenes su primer hogar, su leña para entrar en calor y la protección de la sombra.

La naturaleza […] como imagen de Dios, una irrupción perenne de lo infinito en lo finito y en la obra de la creación una constante teofanía. El hombre arcaico no se siente solo ni aislado en la naturaleza ni pretende ser su propietario. Los animales, las plantas y hasta las piedras, así como los ríos, lagos y lluvias constituyen parte de su ser. Igualmente lo es el firmamento con sus variadas formas y las épocas y ciclos naturales de vida, muerte y resurrección ejemplificados por las estaciones del tiempo y los movimientos de los astros, a saber: la vida misma como un ritual perenne y una interrelación o entrecruzamiento de energías constantes, horizontales y verticales, espaciales y temporales. Razón por la que el mundo entero es un código que puede entenderse y leerse tanto en las configuraciones del cielo como en los símbolos que son las plantas y los animales. Sin duda, el símbolo vegetal más claro es el del árbol, o la planta en general, como representación de las energías cósmicas. Copa, tronco y raíces constituyen sus niveles aéreo, terrestre y subterráneo, equiparables a cielo, tierra e inframundo.

González, 1989

Sin embargo, para los celtas no solo encarnaba la esencia de la vida en la tierra, sino que era un medio por el cual se podía predecir el futuro, ciencia en la que eran expertos los druidas. Estos poseían los conocimientos para la observación de los árboles desde las raíces, hundidas en la tierra en busca de sustento, hasta la copa más o menos frondosa (pues consideraban que la naturaleza poseía una inteligencia infinita que le permitía anticiparse a lo que va a suceder), dejando caer las hojas antes del tiempo en que llegarán las nieves, que a su vez propiciarán el nacimiento de mejores brotes, iniciando una vez más el eterno ciclo vida y muerte. Además, entre los druidas existía la creencia que tanto el hombre como la mujer llevaban un árbol en su interior que les permitía desarrollar los conocimientos.

¿Qué simbolizaba para los celtas?

Ygdrassil árbol de la vida nórdico
Los árboles eran los testigos sagrados de la humanidad para los celtas.

Cuando los celtas iban a establecer una aldea, lo hacían entorno a un gran árbol, bajo la sombra del cual celebrarían sus ceremonias: pactos, bodas, celebraciones e incluso la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones. Eran testigos sagrados de todo acto realizado por la humanidad. La importancia de los árboles en la vida cotidiana de los celtas era decisiva, pues con la madera que les aportaban construían sus casas, manteniéndose seguros y protegidos de los animales salvajes y de la intemperie. La leña les permitía hacer fogatas que brindaban luz y calor en las despiadadas y frías noches de invierno. Los frutos que de ellos extraían eran la principal fuente de alimento durante todas las épocas del año, y cuando salían a cazar y pescar para llevar alimentos al hogar, su madera les servía como materia prima con la que construir sus herramientas.

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El Árbol de la Vida en las diferentes culturas

Aunque el significado y valor del Árbol de la vida para los celtas era primordial y uno de los ejes en los que se basa toda su cultura, el origen de este símbolo se remonta muchos siglos atrás, incluso antes de que los celtas existiesen, uno que trascendió culturas y pasó a formar parte del imaginario cultural de estas.

Árbol de la vida egipcio

Los egipcios vivían en un clima desértico en el que no abundaban los árboles, y puede que por ello comenzasen a venerarlos. Sin embargo, estos veneraban a un árbol específico, el Sicomoro o Nehet, como era llamado en la tierra de los primeros faraones. Para ellos también representaba un vínculo entre el mundo terrenal y el espiritual. Según sus creencias, en la entrada del cielo hay dos sicomoros que dan cobijo y frutos a los muertos y en su interior se encuentra uno enorme en el que reposaban los dioses. Asimismo, se asociaron deidades femeninas a este árbol, como la diosa Hathor, considerada la “Señora del sicomoro del Sur”. Cuando un difunto invocaba a la diosa del sicomoro, esta le proporcionaba agua, alimento y cobijo y lo acogía en su seno como hijo y, por eso, en las paredes de las tumbas se representaba una escena en la que un frondoso sicomoro aparece humanizado, con los brazos llenos de obsequios, dejando caer a un recipiente el agua de la vida y mostrando virtudes maternales como grandes pechos con los que amamanta al recién nacido en su nueva vida.

Árbol de la vida armenio

Por su parte, los armenios lo simbolizaban utilizando como eje de simetría su tronco y, a los lados, disponían sus largas y frondosas ramas, y siempre aparecía custodiado por guerreros o animales. En este caso, más que un significado religioso lo que tenía era uno global: simbolizaba al pueblo armenio en sí mismo. Se veían a sí mismos como un monumental árbol milenario, enérgico, inclaudicable, valeroso e inmortal; un árbol de buena madera que puede adaptarse hasta a las peores circunstancias y florecer en los terrenos más adversos. Era tal su sentimiento de identidad con el motivo del Árbol de la Vida que incluso aparecía en los khachkars (cruces de piedra características del arte armenio) en forma de cruces que brotan, estallan, florecen y dan fruto en las lápidas anticipando la resurrección de aquellos que han fallecido o en los humildes utensilios de cocina del hogar armenio. Para ellos, el árbol no era un mero vínculo: era algo que debían proteger y sacar adelante a toda costa. Era su familia, su gente, su pueblo.

Árbol de la vida baha’i

Los baharíes se sumaron a las culturas que lo consideraron como un símbolo divino. En la Fe baha’i el árbol de la vida está compuesto por hombres en lugar de ramas, y mujeres en lugar de hojas. Para ellos, este árbol representa un reino espiritual donde no existe la dualidad entre el bien y el mal que caracteriza el plano terrenal. De esta forma, la Fe baha’i enseña tolerancia, paz, igualdad entre hombre y mujer, superar prejuicios y buscar la verdad; y por ello jamás empuñarán la espada, solo amor y comunicación, pues Bahá’u’lláh, su fundador, predicó y divulgó el siguiente mensaje por la humanidad: “no os miréis como extraños, todos sois hojas de un mismo árbol”.

Árbol de la vida chino

En la cultura china el árbol de la vida es representado como un melocotonero que se encontraba siempre respaldado por un fénix, simbolizando a eterna reencarnación; y un dragón, que a menudo representa la inmortalidad. Una historia taoísta habla de un árbol que era capaz de producir un solo melocotón cada tres mil años, pero aquel que comiera el fruto recibiría el don de la inmortalidad. En la década de 1990 se descubrió un pozo de sacrificio de Sichuan, China, datado en torno al 1200 a.C. que contenía tres árboles de bronce, uno de ellos de cuatro metros de altura en cuya base había un dragón y las frutas colgaban de las ramas más bajas, mientras que en la parte superior se encontraba un extraño pájaro con garras, el Fénix.

Árbol de la vida nórdico

En la religión escandinava se hace referencia a un árbol de la vida en concreto, un fresno perenne denominado Yggdrasil, el árbol del mundo, cuyas raíces y ramas mantienen unidos los nueve mundos de su mitología: Asgard (reino de los dioses), Midgard (reino de los humanos), Helheim (reino de los muertos), Nilfheim (reino de las nieblas y el terror), Muspellheim (reino primordial del fuego), Svartalfheim (reino de los elfos oscuros), Alfheim (reino de los elfos de luz), Vanaheim (reino de los vanir, dioses de la naturaleza y la fertilidad) y Jötunheim (reino de los gigantes). El árbol se divide en tres partes (Nilfheim representa la raíz, Midgard el tronco y Asgard la copa) que de nuevo representan el ciclo del nacimiento, vida y muerte.

Árbol de la vida budista

Para el budismo, el árbol de la vida hace referencia a uno en concreto: el Bodhi, también conocido como higuera sagrada o pipal. Según la tradición budista, Siddhartha Gautama alcanzó el nirvana después de haber estado meditando bajo un árbol de esta especie en Bodh Gaia, y aunque el original fue destruido por la esposa del rey Ashoka, se supone que el árbol que se encuentra actualmente en dicho lugar es descendiente directo del anterior. Durante su meditación se dio cuenta de que el árbol representa nuestras vidas. Las raíces representan nuestra base, nuestros valores, y consideró que nuestro árbol lo constituyen seis raíces, tres de las cuales son buenas y las otras tres malas. Por ello, si actuamos conforme al bien, haremos crecer las buenas raíces y obtendremos frutos dulces; mientras que, si actuamos mal, crecerán las malas y darán frutos amargos. Las raíces dan lugar al tronco, que según el budismo está formado por cinco elementos: la forma, la sensación, la percepción, la formación mental y la consciencia, de manera que la clave es no aferrarse a lo que los sentidos te ofrecen en vida para poder vivir plenamente y poder desarrollarte como persona. Según esta creencia, de ahí surgen doce ramas, que representan las razones del sufrimiento en la vida terrenal y que provienen de la forma en que hayamos procesado nuestras emociones previamente. Es decir, es una alegoría de la vida en la que cada una de nuestras acciones cuenta y determina nuestra felicidad y plenitud espiritual.

Poderes atribuidos al Crann Bethadh

Árbol de la vida dibujo
Los poderes del árbol de la vida son de protección, sabiduría, salud y equilibrio.

Los poderes generalmente atribuidos al símbolo del árbol de la vida celta son curativos, de antienvejecimiento y de la sabiduría, pero en realidad posee tantos significados positivos que puede ser utilizado para muchos otros aspectos de la vida. Este símbolo trasciende religiones y fronteras, no es necesario aferrarse a determinadas creencias para poder ver y su fuerte carga simbólica y sentirse atraído por ella. Engloba las fuerzas de la naturaleza, el constante equilibrio entre el bien y el mal, el sentimiento de protección de los tuyos y, todavía más importante, habla de la unidad, de que todos estamos conectados en un infinito entramado de fuerzas, acciones y reacciones, de un mundo en el que todos y cada uno de nosotros forma parte y ayudamos a conformar en nuestro día a día.