Árbol de la vida (Crann Bethadh)

En la cultura celta la naturaleza y lo sagrado se entrelazan misteriosamente para formar un único componente, dos formas complementarias para referirse a una misma idea. Por ello, entendieron a los árboles como un elemento sagrado del mundo, dotándolos de un significado que sobrepasa las barreras de lo meramente funcional, a uno mucho más profundo y espiritual.

¿Qué significa el Árbol de la Vida celta?

Arbol de la vida significado
El árbol de la vida constituía el eje del mundo celta o “Axis-mundi”

Para los celtas, el árbol de la vida era la representación de la interconexión existente entre el mundo y todo lo que en él habita: cada ser humano, cada planta, cada animal, cada brizna de aire y cada gota de lluvia están conectados por los hilos invisibles del Crann Bethadh. Veían en él algo sagrado y superior a ellos, cercano a los dioses, y ha sido venerado por esta cultura tanto por servirles como sustento y protección en su vida diaria como por el aspecto simbólico que se creó en torno a él, la vida en completa evolución y en una ascensión permanente hasta el cielo y, al mismo tiempo, en conexión con las profundidades subterráneas.

Su significado e importancia resultaba de un valor incalculable, pues era la viva representación del eje central del mundo, a través del cual existía una comunicación con los tres niveles del cosmos:

  • El subterráneo o inframundo mediante sus raíces, que no dejaban de hurgar en las más inhóspitas profundidades de la tierra, hacia el mundo de los muertos.
  • La superficie de la tierra, que simboliza el plano terrenal y está representado por el tronco, cohabitando con nosotros en nuestro mundo, aquel que habitamos.
  • El cielo, el plano divino y espiritual, que se encuentra representado por sus ramas y hojas, que parecen ser al mismo tiempo sustento y camino hacia el firmamento y la divinidad.
Árbol de la vida símbolo
El Crann Bethadh simboliza la conexión que existe entre los opuestos de la vida

También puede hablarse de una conjunción de los elementos principales que componen la materia según la cultura celta. El agua se expresa por las lluvias del mismo modo que el aire por el viento, mientras que el fuego presta su calor para que se genere la simiente en la matriz de la tierra. De la misma manera sucede con respecto a los estados de la materia a partir del calor del fuego: sólido, líquido y gaseoso. Esta constante rotación y conjunción de opuestos se encuentra en todo momento en la concepción arcaica de la cultura celta y, puesto que el Crann Bethadh es la representación de ello, logra convertirse en una planta mágica, un árbol que lo da todo sin esperar nada; un regalo de los dioses a los humanos, que extraen su existencia de este sustento divino; aquel que les ha proporcionado desde sus orígenes su primer hogar, su leña para entrar en calor y la protección de la sombra.

La naturaleza […] como imagen de Dios, una irrupción perenne de lo infinito en lo finito y en la obra de la creación una constante teofanía. El hombre arcaico no se siente solo ni aislado en la naturaleza ni pretende ser su propietario. Los animales, las plantas y hasta las piedras, así como los ríos, lagos y lluvias constituyen parte de su ser. Igualmente lo es el firmamento con sus variadas formas y las épocas y ciclos naturales de vida, muerte y resurrección ejemplificados por las estaciones del tiempo y los movimientos de los astros, a saber: la vida misma como un ritual perenne y una interrelación o entrecruzamiento de energías constantes, horizontales y verticales, espaciales y temporales. Razón por la que el mundo entero es un código que puede entenderse y leerse tanto en las configuraciones del cielo como en los símbolos que son las plantas y los animales. Sin duda, el símbolo vegetal más claro es el del árbol, o la planta en general, como representación de las energías cósmicas. Copa, tronco y raíces constituyen sus niveles aéreo, terrestre y subterráneo, equiparables a cielo, tierra e inframundo.

González, 1989

Sin embargo, para los celtas no solo encarnaba la esencia de la vida en la tierra, sino que era un medio por el cual se podía predecir el futuro, ciencia en la que eran expertos los druidas. Estos poseían los conocimientos para la observación de los árboles desde las raíces, hundidas en la tierra en busca de sustento, hasta la copa más o menos frondosa (pues consideraban que la naturaleza poseía una inteligencia infinita que le permitía anticiparse a lo que va a suceder), dejando caer las hojas antes del tiempo en que llegarán las nieves, que a su vez propiciarán el nacimiento de mejores brotes, iniciando una vez más el eterno ciclo vida y muerte. Además, entre los druidas existía la creencia que tanto el hombre como la mujer llevaban un árbol en su interior que les permitía desarrollar los conocimientos.

¿Qué simbolizaba para los celtas?

Ygdrassil árbol de la vida nórdico
Los árboles eran los testigos sagrados de la humanidad para los celtas.

Cuando los celtas iban a establecer una aldea, lo hacían entorno a un gran árbol, bajo la sombra del cual celebrarían sus ceremonias: pactos, bodas, celebraciones e incluso la transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones. Eran testigos sagrados de todo acto realizado por la humanidad. La importancia de los árboles en la vida cotidiana de los celtas era decisiva, pues con la madera que les aportaban construían sus casas, manteniéndose seguros y protegidos de los animales salvajes y de la intemperie. La leña les permitía hacer fogatas que brindaban luz y calor en las despiadadas y frías noches de invierno. Los frutos que de ellos extraían eran la principal fuente de alimento durante todas las épocas del año, y cuando salían a cazar y pescar para llevar alimentos al hogar, su madera les servía como materia prima con la que construir sus herramientas.

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El Árbol de la Vida en las diferentes culturas

Aunque el significado y valor del Árbol de la vida para los celtas era primordial y uno de los ejes en los que se basa toda su cultura, el origen de este símbolo se remonta muchos siglos atrás, incluso antes de que los celtas existiesen, uno que trascendió culturas y pasó a formar parte del imaginario cultural de estas.

Árbol de la vida egipcio

Los egipcios vivían en un clima desértico en el que no abundaban los árboles, y puede que por ello comenzasen a venerarlos. Sin embargo, estos veneraban a un árbol específico, el Sicomoro o Nehet, como era llamado en la tierra de los primeros faraones. Para ellos también representaba un vínculo entre el mundo terrenal y el espiritual. Según sus creencias, en la entrada del cielo hay dos sicomoros que dan cobijo y frutos a los muertos y en su interior se encuentra uno enorme en el que reposaban los dioses. Asimismo, se asociaron deidades femeninas a este árbol, como la diosa Hathor, considerada la “Señora del sicomoro del Sur”. Cuando un difunto invocaba a la diosa del sicomoro, esta le proporcionaba agua, alimento y cobijo y lo acogía en su seno como hijo y, por eso, en las paredes de las tumbas se representaba una escena en la que un frondoso sicomoro aparece humanizado, con los brazos llenos de obsequios, dejando caer a un recipiente el agua de la vida y mostrando virtudes maternales como grandes pechos con los que amamanta al recién nacido en su nueva vida.

Árbol de la vida armenio

Por su parte, los armenios lo simbolizaban utilizando como eje de simetría su tronco y, a los lados, disponían sus largas y frondosas ramas, y siempre aparecía custodiado por guerreros o animales. En este caso, más que un significado religioso lo que tenía era uno global: simbolizaba al pueblo armenio en sí mismo. Se veían a sí mismos como un monumental árbol milenario, enérgico, inclaudicable, valeroso e inmortal; un árbol de buena madera que puede adaptarse hasta a las peores circunstancias y florecer en los terrenos más adversos. Era tal su sentimiento de identidad con el motivo del Árbol de la Vida que incluso aparecía en los khachkars (cruces de piedra características del arte armenio) en forma de cruces que brotan, estallan, florecen y dan fruto en las lápidas anticipando la resurrección de aquellos que han fallecido o en los humildes utensilios de cocina del hogar armenio. Para ellos, el árbol no era un mero vínculo: era algo que debían proteger y sacar adelante a toda costa. Era su familia, su gente, su pueblo.

Árbol de la vida baha’i

Los baharíes se sumaron a las culturas que lo consideraron como un símbolo divino. En la Fe baha’i el árbol de la vida está compuesto por hombres en lugar de ramas, y mujeres en lugar de hojas. Para ellos, este árbol representa un reino espiritual donde no existe la dualidad entre el bien y el mal que caracteriza el plano terrenal. De esta forma, la Fe baha’i enseña tolerancia, paz, igualdad entre hombre y mujer, superar prejuicios y buscar la verdad; y por ello jamás empuñarán la espada, solo amor y comunicación, pues Bahá’u’lláh, su fundador, predicó y divulgó el siguiente mensaje por la humanidad: “no os miréis como extraños, todos sois hojas de un mismo árbol”.

Árbol de la vida chino

En la cultura china el árbol de la vida es representado como un melocotonero que se encontraba siempre respaldado por un fénix, simbolizando a eterna reencarnación; y un dragón, que a menudo representa la inmortalidad. Una historia taoísta habla de un árbol que era capaz de producir un solo melocotón cada tres mil años, pero aquel que comiera el fruto recibiría el don de la inmortalidad. En la década de 1990 se descubrió un pozo de sacrificio de Sichuan, China, datado en torno al 1200 a.C. que contenía tres árboles de bronce, uno de ellos de cuatro metros de altura en cuya base había un dragón y las frutas colgaban de las ramas más bajas, mientras que en la parte superior se encontraba un extraño pájaro con garras, el Fénix.

Árbol de la vida nórdico

En la religión escandinava se hace referencia a un árbol de la vida en concreto, un fresno perenne denominado Yggdrasil, el árbol del mundo, cuyas raíces y ramas mantienen unidos los nueve mundos de su mitología: Asgard (reino de los dioses), Midgard (reino de los humanos), Helheim (reino de los muertos), Nilfheim (reino de las nieblas y el terror), Muspellheim (reino primordial del fuego), Svartalfheim (reino de los elfos oscuros), Alfheim (reino de los elfos de luz), Vanaheim (reino de los vanir, dioses de la naturaleza y la fertilidad) y Jötunheim (reino de los gigantes). El árbol se divide en tres partes (Nilfheim representa la raíz, Midgard el tronco y Asgard la copa) que de nuevo representan el ciclo del nacimiento, vida y muerte.

Árbol de la vida budista

Para el budismo, el árbol de la vida hace referencia a uno en concreto: el Bodhi, también conocido como higuera sagrada o pipal. Según la tradición budista, Siddhartha Gautama alcanzó el nirvana después de haber estado meditando bajo un árbol de esta especie en Bodh Gaia, y aunque el original fue destruido por la esposa del rey Ashoka, se supone que el árbol que se encuentra actualmente en dicho lugar es descendiente directo del anterior. Durante su meditación se dio cuenta de que el árbol representa nuestras vidas. Las raíces representan nuestra base, nuestros valores, y consideró que nuestro árbol lo constituyen seis raíces, tres de las cuales son buenas y las otras tres malas. Por ello, si actuamos conforme al bien, haremos crecer las buenas raíces y obtendremos frutos dulces; mientras que, si actuamos mal, crecerán las malas y darán frutos amargos. Las raíces dan lugar al tronco, que según el budismo está formado por cinco elementos: la forma, la sensación, la percepción, la formación mental y la consciencia, de manera que la clave es no aferrarse a lo que los sentidos te ofrecen en vida para poder vivir plenamente y poder desarrollarte como persona. Según esta creencia, de ahí surgen doce ramas, que representan las razones del sufrimiento en la vida terrenal y que provienen de la forma en que hayamos procesado nuestras emociones previamente. Es decir, es una alegoría de la vida en la que cada una de nuestras acciones cuenta y determina nuestra felicidad y plenitud espiritual.

Poderes atribuidos al Árbol de la Vida

Árbol de la vida dibujo
Los poderes del árbol de la vida son de protección, sabiduría, salud y equilibrio.

Los poderes generalmente atribuidos al símbolo del árbol de la vida celta son curativos, de antienvejecimiento y de la sabiduría, pero en realidad posee tantos significados positivos que puede ser utilizado para muchos otros aspectos de la vida. Este símbolo trasciende religiones y fronteras, no es necesario aferrarse a determinadas creencias para poder ver y su fuerte carga simbólica y sentirse atraído por ella. Engloba las fuerzas de la naturaleza, el constante equilibrio entre el bien y el mal, el sentimiento de protección de los tuyos y, todavía más importante, habla de la unidad, de que todos estamos conectados en un infinito entramado de fuerzas, acciones y reacciones, de un mundo en el que todos y cada uno de nosotros forma parte y ayudamos a conformar en nuestro día a día.

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