Cultura celta

A pesar de que los celtas eran una sociedad analfabeta que carecía de lenguaje escrito, es posible reconstruir gran parte del funcionamiento de su sociedad y saber cómo era la cultura celta a partir de los documentos escritos romanos. Es gracias a estos escritos que sabemos que en el siglo IV a.C. una serie de pueblos colonos y guerreros celtas atacaron Italia y los Balcanes, así como que saquearon Roma en el 309 a.C. y que en el 279 a.C. llegaron hasta Delfos.

Los romanos pelearon con estos bravos guerreros y logró derrotarlos en la batalla de Telemón en el 225 a.C. y más tarde acabaron por apoderarse de los dominios celtas italianos, hispanos y de Anatolia. Sin embargo, no fue hasta el 50 a.C. que el comandante Julio César empezó a conquistar la Galia, matando y aprisionando pueblos celtas, muchos de los cuales acabaron siendo vendidos como esclavos, y a finales del siglo I gran parte de Gales e Inglaterra era suyo. A esto se les sumaron repetidas derrotas a manos de las tribus germánicas y para el siglo V todos los celtas que habitaban dichas zonas habían desaparecido.

Etapas cultura celta

En la cultura celta es posible apreciar dos periodos fundamentales: el de Hallstatt, que duró desde el 1200 al 500 a.C. (que corresponde con lo conocido como la primera Edad de Hierro), y el de La Tène, que duró hasta la decadencia de la cultura celta en el 50 d.C. para los galos (la segunda Edad de Hierro) o hasta entrada la Edad Media en el caso de los celtas irlandeses.

Lago Hallstatt en Austria
El primer periodo de la cultura celta recibe su nombre por una tribu que habitaba en las cercanías del Lago Hallstatt, Austria
  • La cultura Hallstatt se llama así por el cementerio de Hallstatt, ubicado en Austria. El pueblo celta estaba constituido por gente habilidosa tratando el hierro y con excelentes dotes como jinetes. También se dedicaban a explotar minas de sal y tenían un imperio comercial en el que un pequeño grupo de jefes ricos vivían en fortificaciones en la cima de montañas y, a su muerte, eran enterrados con sus más preciadas posesiones (armas, joyas, atuendos…)
  • La cultura de La Tène recibió el nombre por un pueblo celta que vivía en las cercanías de un lago suizo y donde se han hallado importantes restos arqueológicos. Su característica más destacable es la aparición de una nueva organización social en la que las estrictas jerarquías sociales fueron desapareciendo para dar origen a una serie de comunidades comandadas por jefes locales, algo que también implicó un cambió en la distribución de los hogares: aparecieron las oppida. Un oppidum (el singular de oppida) eran fortificaciones en la cima de colinas que permitían controlar toda la zona y aportaba beneficios en protección. Este cambio se debió a que cada vez era más necesaria la búsqueda de un lugar seguro y capaz de ofrecer refugio y defensa frente a los enemigos, pero al mismo tiempo podía significar una muestra de poder y exhibición de este a las tribus vecinas. También fue en este periodo cuando se originó el estilo artístico celta.

Sociedad celta

La unidad social por excelencia de la cultura celta era la tribu, y cada una estructuraba su sociedad de manera jerarquizada. Su estructura social estaba dividida en clases claramente diferenciadas: los druidas o sacerdotes, los guerreros y los hombres libres o trabajadores.

Druidas

Los druidas ostentaban los puestos más elevados en la cultura celta y eran respetados por todos ellos. De hecho, era tal el temor que se les tenía y la autoridad que infundían que podían caminar por propiedades de tribus enemigas y que estas no se atreviesen a molestarlo a pesar de que fuese desarmado. Eran expertos en el arte de la música y de la magia, y poseían profundos conocimientos acerca de todo tipo de temáticas y ciencias (tanto teóricas como prácticas). Eran considerados como los intermediarios entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres, por lo que el poder de juzgar y tomar decisiones por el bien del futuro de su pueblo recaía sobre ellos; decidían los rituales que se iban a realizar a los dioses, los sacrificios que serían necesarios para el bien del pueblo y tenían la última palabra para declarar la guerra a tribus enemigas. Así pues, los druidas eran la piedra angular sobre la que se erigía toda la sociedad celta y, probablemente, aquellos que hicieron posible la supervivencia de la cultura celta.

Los guerreros celtas

Las dotes guerreras de los bravos guerreros celtas eran tan temidas como legendarias, y fueron admirados por su gran dominio de los caballos y su valentía. Por ello, tanto griegos como romanos los tomaron como enemigos peligrosos, aunque sabían que pecaban en algunos aspectos muy importantes que ellos dominaban a la perfección: la disciplina y el orden.

Guerrero celta luchando a caballo
Los guerreros celtas eran temidos por su fiereza y destacaban por su dominio de los caballos en batalla

Los guerreros celtas eran despiadados en batalla y fuera de ella, y para infundir terror degollaban a los luchadores más importantes de bandos enemigos para mostrárselas a sus visitantes. Además, durante la batalla su atuendo y apariencia buscaban potenciar la sensación de pánico y miedo y así tener el control de la pelea, de manera que se blanqueaban el pelo con cal, portaban joyas (sobre todo torques) y se cubrían con una colorida capa a cuadros. Sin embargo, numerosas fuentes indican que también era habitual que se presentasen para la lucha pintados y totalmente desnudos a excepción del torque, un amuleto mágico de oro o bronce que llevaban con fines de protección y valentía. Sus armas consistían en una enorme espada de hierro, una lanza y un escudo revestido de piel que usualmente llevaba grabado algún símbolo celta.

Era tal la importancia de la guerra para este pueblo que las tribus estaban gobernadas por las élites de las clases guerreras y los luchadores más fieros y respetados ostentaban cargos de gran poder, pudiendo disfrutar de enormes privilegios en banquetes y riquezas. Su pretensión era ser los más valientes y eficaces en batalla, y no se concebía el fracaso de ningún modo, en especial si se trataba de algún jefe celta, por lo que, en muchas ocasiones tras sufrir una derrota en el campo de batalla, los líderes se suicidaban para no sufrir la humillación. El poder del guerrero también estaba fuertemente influenciado por la cantidad de seguidores que tenía, y por ello era de suma importancia saber gestionar y repartir estratégicamente los botines de guerra procedentes de las invasiones y conquistas realizadas.

Mujeres celtas

Las mujeres dentro de la sociedad celta poseían un grado de igualdad envidiable para la mayoría de sociedades de la época, como la griega y la romana. Eran consideradas unas diestras y eficaces guerreras y, de hecho, su habilidad como luchadoras era tal que numerosos escritores hablaron sobre dicho aspecto, como, por ejemplo, el historiador romano Tácito, quien las describió como “desgreñadas mujeres de negro ropaje cual furias blandiendo antorchas”. 

Mujer celta pintada
Las mujeres disfrutaban de condiciones de igualdad en la cultura celta y eran tan diestras como temibles en los campos de batalla.

Las esposas no estaban sometidas a sus maridos, tenían derecho a la propiedad tras casarse y eran compensadas en caso de separación legal. Por todo ello, las madres eran consideradas como diosas protectoras y podían ocupar importantes cargos sociales dentro de la comunidad, tal y como demuestra la existencia de la reina Boudicca de la tribu iceni, uno de los pueblos celtas más temidos por los romanos.

Bardos celtas

Si bien los celtas no tenían literatura escrita de ninguna forma, sí que poseían una clase social formada por personas entrenadas en el arte de la poesía y la narración de historias: los bardos. Se trataba de personas educadas para transmitir el conocimiento del pueblo celta, tanto sus mitos y leyendas como las leyes y normas que regulaban la comunidad.

El hecho de que no existiera forma alguna de que pudieran registrar todo este conocimiento hacía fundamental la figura del bardo, pues eran los encargados de hacer llegar, generación tras generación, los conocimientos al pueblo celta en forma de canciones populares que habitualmente acompañaban con instrumentos de cuerda y algún que otro baile para facilitar su memorización. Así, no se trataba de unos meros bufones que entretenían al público o a los jefes, sino que en realidad formaban una clase social muy respetada y a la que no podía acceder cualquiera a menos que hubiera sido educado previamente para ello. De hecho, existían diversos grados dentro de esta educación, en la que el nivel más alto era reservado para aquellos que podían ostentar el título de druida.

Los bardos tenían que formarse durante unos 12 años hasta que lograban trabajar su memoria lo suficiente como para aprenderse una inimaginable cantidad de historias y conocimientos de memoria en verso, así como canciones con las que honrar a sus héroes y burlarse de los cobardes y los enemigos. Así, amenizaban los banquetes tras las victorias de guerra con música que glorificaba a los mejores luchadores y se aseguraba de que estos eran tratados con el respeto y los privilegios que se merecían (pues la reputación lo era todo para los celtas).

Economía de los celtas

Los pueblos celtas vivían en pequeños asentamientos que originalmente eran bastante rurales y austeros, basando su supervivencia en la agricultura, la ganadería y la minería. Sin embargo, conforme pasó el tiempo, su habilidad artesanal comenzó a valorarse en otros pueblos y se terminó creando una red comercial que propició la creación de complejas y sofisticadas fortificaciones cuyo principal motor económico era el intercambio y venta de bienes.

Agricultura y ganadería celta

Como los celtas vivían habitualmente en pequeños pueblos, estos sobrevivían principalmente a base de una agricultura (en especial se cultivaba olivos y la vid) y ganadería local (de tipo bobino y ovino). Aunque el tipo de cultivo que cosechaban variaba en función de la tierra, habitualmente utilizaban un tipo de agricultura mixta y el campo estaba junto a granjas y pequeños poblados fortificados en cuyas cimas se solía abrir una especie de mercadillo en el que se comerciaba con los productos recogidos, tanto ganaderos y agrarios como artesanales.

Minería celta

Como he mencionado, no solo vivían de la agricultura y la ganadería, sino que también se dedicaron a la construcción de materiales artesanales y orfebrería. Además, se distinguieron por sus habilidades en el arte de construir herramientas y armas forjadas en hierro, por lo que no es de extrañar que otro de los motores principales de su economía fuese la minería. Aunque la mayor parte de herramientas utilizadas las construían a base de hierro, realmente también extraían mucho plomo, oro y estaño, con los que, además de elaborar variadas piezas de orfebrería y decorativas, comerciaban con lo pueblos cercanos e, incluso, con sociedades rivales como los griegos, los cartagineses y los fenicios.

Aunque trabajar el hierro resultaba mucho más complejo que el bronce, los beneficios que aportaba este nuevo metal compensaban con creces el laborioso esfuerzo. Uno de los principales aspectos a favor del hierro era que se encontraba en cantidades mucho mayores de forma natural y zonas mucho más amplias que en la que aparecía el cobre y el estaño (los materiales con los que se hacía el bronce). Esto implicaba un abaratamiento de los costes de extracción del metal. Sin embargo, tal vez el elemento decisivo que popularizó el uso del hierro es que se trata de un metal notablemente más duro y, por ello, se podía afilar mucho más, lo que daba una gran ventaja a los guerreros celtas en combate y les permitía construir mejores sierras con las que talar árboles y hacer crecer sus asentamientos y arar la tierra de una forma mucho más eficiente.

Relaciones y comercio celta

Por tanto, hay que dejar claro que no solo se preocupaban por conquistar terrenos enemigos, sino que también buscaban prosperar en las tierras conquistadas. Así, cuando los romanos recuperaron sus asentamientos en Italia, Anatolia e Iberia, comenzaron a crear lazos comerciales con los Galos y el resto de tribus celtas centroeuropeas. Esta especie de alianza se fundamentaba en una relación en la que ambos bandos sacaban partido: los romanos necesitaban esclavos y materias primas para mantener estable su sistema económico, mientras que los jefes celtas necesitaban bienes de lujo que ofrecer a aquellos que les apoyaban para mantener su liderazgo y cada vez existían menos posibilidades de saquear nuevas tierras. De esta forma se creó un próspero comercio que fomentó la difusión de la moneda como objeto de intercambio conforme aumentaba el volumen de este.

Es precisamente este aumento del flujo de las relaciones comerciales entre diferentes pueblos y culturas lo que permitió la creación de lo que conocemos como oppidas, pues sin este florecimiento económico y la posibilidad de crecimiento más allá de las relaciones locales los primitivos y austeros pueblos celtas no habrían podido transformarse en los complejos asentamientos comerciales que acabaron siendo.

Religión celta

La religión de los celtas se basaba en la creencia de varios dioses, por lo que se podría decir que eran politeístas, pero, siendo estrictos, no encajan en esa descripción. Esto se debe a que para ellos solo existía una única realidad, una única sustancia o causa primigenia de la que deriva el Todo, es decir, era una cultura monista.

Por ello, lo más correcto sería afirmar que el verdadero culto celta era a la Naturaleza, a quien consideraban como una madre todo poderosa y omnipresente de la que procede todo lo demás, tanto los dioses y los seres mitológicos como el hombre, la fauna y la flora.

árbol de la vida
Los árboles eran elementos sagrados en la cultura celta y se creía que conectaban los tres ámbitos de existencia: el mundo de los muertos, el de los vivos y el de los dioses.

Los celtas consideraron que el espíritu de la naturaleza se encontraba en los árboles, por lo que los veneraron y, de hecho, uno de los símbolos más poderosos que utilizaban en sus rituales mágicos era el árbol de la vida. Creían que cada uno de ellos tenía alma y, debido a su relación con la madre primigenia Naturaleza, en muchas ocasiones construían el poblado entorno a un gran árbol que sería confidente y testigo sagrado de su comunidad. Todos los eventos importantes se realizaban entorno a estos (que habitualmente eran robles), ya fueran celebraciones como bodas y festividades o rituales y enterramientos. Los druidas eran los únicos que podían realizar los rituales religiosos, y existen textos en los que se explica algunas de las prácticas que realizaban. Por ejemplo, en algunas ocasiones el druida subía a un tejo para conseguir muérdago, una planta sagrada en su cultura. En otras ocasiones celebraban actos religiosos para solicitar el favor de los dioses lanzando objetos de gran valor a pozos, ríos, lagos o ciénagas.

Ritual celta sacrificios
Los druidas celtas organizaban ceremonias y rituales en los que sacrificaban animales y bebían brebajes mágicos para ganarse el favor de los dioses.

Si bien consideraban a la Naturaleza como una unidad que interconecta a todos los seres vivos del mundo y a la cual pertenecen todos, al mismo tiempo creían que existían diversos dioses que dominaban y representaban los diferentes aspectos de la vida y de la naturaleza. Así, en su mitología tenían dioses de la muerte, dioses de la vida, dioses de la guerra, dioses del sol y la luna, dioses de la fauna, dioses de la sabiduría, dioses de la agricultura y, en definitiva, dioses para todo aquello relevante en su cultura. Según la creencia del pueblo celta, estos dioses habitaron la tierra mucho antes que el hombre, en una época en la que los Fomorianos todavía existían (unos seres gigantes y malvados que fueron derrotados por los Tuatha Dé Dannan), y de ellos descenderían los humanos. De esta forma, los dioses celtas representaban todos los valores aspiracionales de la sociedad y la cultura celta, mientras que los Fomorianos simbolizaban aquello que se debía evitar para su correcto funcionamiento.

La concepción del tiempo celta era bastante peculiar por varios motivos. En primer lugar, consideraban que el día comenzaba cuando el sol terminaba de descender y se ocultaba bajo la tierra debido a que, según su concepción del mundo, la oscuridad era el origen de todo; a partir de la nada inicial se abrió camino la vida. Esta mentalidad se muestra de nuevo en el comienzo del calendario celta, que comenzaba en la madrugada del 1 de noviembre, cuando las noches comienzan a ser más frías, los días empezaban a ser más cortos y las noches más largas. En esta fecha celebraban su festividad más importante, el Samhain, una fiesta en la que se celebraba el final de la cosecha y del verano y se sacrificaban animales de todo tipo para congraciarse con los dioses. El motivo por el que se trata de una fecha tan importante en su cultura es que al no pertenecer ni al año anterior (pues había terminado) ni al que está por venir (ya que todavía no ha comenzado), se consideraba un día al margen del espacio-tiempo habitual y la fecha más propicia para ponerse en contacto con los dioses y realizar sus ofrendas.

Arte celta

Espiral celta en Skye
Espiral celta en la isla de Skye, Escocia

Los celtas no solo destacaron por la fabricación de armas y herramientas, sino que también desarrollaron un arte muy característico y realmente asombroso. Sus motivos seguían patrones con intrincados diseños que se basaban en formas orgánicas de inspiración vegetal y en formas geométricas y curvilíneas que en la mayor parte de las ocasiones eran muy simétricas.

Este tipo de arte estaba muy relacionado con su concepción del mundo y de la vida, una forma de entender el mundo en el que nada es estático y nada tiene final; todo forma parte de un ciclo mayor y está en constante evolución. Uno de los ejemplos más representativos de este tipo de arte sería el triskel celta, al que asociaban un significado divino. Se trata de un símbolo celta que utilizaban en muchos rituales sagrados y que tenía connotaciones de dinamismo y cambio; de las diferentes perspectivas con las que se puede ver una misma cosa.

Todo lo que conocemos del arte y la cultura celta ha sido fruto de la recolección de las piezas de orfebrería halladas en diferentes yacimientos arqueológicos, y sus significados se han ido reconstruyendo en base a los escritos que diferentes sociedades dejaron de ellos y de las interpretaciones que los expertos han realizado. De esta forma, se han encontrado en este tipo de excavaciones todo tipo de elementos como armas, elementos decorativos y algunos amuletos con símbolos grabados, como el torque, el elemento más significativo de la cultura celta y que generalmente se forjaba en oro o bronce.

En una sociedad fuertemente jerarquizada como la celta, las joyas y los abalorios que llevaban constituían una parte primordial, pues estas indicaban la clase social a la que pertenecía la persona en cuestión. De esta forma, entre las clases dominantes era habitual el torque, que solo podían portarlo los guerreros más destacados o los jefes de la tribu, mientras que las clases populares solían llevar lo que se conoce como fíbula, un broche que sujetaba sus prendas y que decoraban de una forma u otra para indicar el oficio o la pertenencia social de aquel que lo portase.